
Una de las frases que más veces he escuchado desde que empecé a convivir con shibas es la misma: “parece más un gato que un perro”. Y lo curioso es que, después de tantos años criando y viviendo con ellos, entiendo perfectamente por qué la gente tiene esa sensación. El shiba inu tiene una forma muy particular de relacionarse con el mundo ya que no suele ser un perro excesivamente dependiente, ni busca atención constante, ni necesita estar encima de ti a cada momento, el tiene una personalidad mucho más observadora, más tranquila en algunos aspectos y bastante independiente y precisamente ahí es donde muchas personas encuentran ese parecido con los gatos. Y yo soy una de ellas.
Cuando alguien conoce la raza solo por fotos, normalmente se fija en su aspecto pero la verdadera diferencia aparece cuando empiezas a convivir con uno día tras día. El suele decidir cuándo quiere contacto, cuándo quiere descansar y cuándo simplemente prefiere observar desde cierta distancia, pero eso no significa que no cree vínculos fuertes con su familia, porque los crea, y muy profundos además , solo que su forma de demostrarlo es diferente a la de otras razas más efusivas.

Son perros extremadamente limpios, desde pequeños, muchos muestran una sensibilidad especial hacia la higiene y el orden y a menudo evitan ensuciar su espacio de descanso y aprenden muy rápido ciertas rutinas de limpieza. Hay familias que incluso se sorprenden de lo poco que huelen en comparación con otras razas.
Otra cosa que suele llamar mucho la atención es su manera de moverse y de mirar, al ser un perro muy consciente de su entorno, observa muchísimo, analiza situaciones antes de reaccionar y muchas veces parece que está “pensando” antes de decidir algo. Esa inteligencia tan particular hace que algunas personas interpreten su carácter como terquedad, cuando en realidad muchas veces simplemente está evaluando las cosas a su manera.

Con los años también se aprende que el shiba necesita sentirse respetado, no suele responder bien a la presión constante ni a formas bruscas de educación, funciona mucho mejor cuando hay coherencia, calma y una relación basada en la confianza. Es una raza sensible, aunque muchas veces no lo parezca desde fuera. Hay personas que buscan un perro mucho más pendiente de ellas, más obediente o más demostrativo físicamente. Y luego hay personas que conectan profundamente con esta manera de ser más independiente y equilibrada.
En particular me gusta mucho y me gracia observar cómo se comportan entre ellos ya que hay momentos en los que parecen auténticos gatos: buscando el lugar más tranquilo, observando desde lejos o acercándose solo cuando realmente les apetece y al mismo tiempo, tienen esa lealtad silenciosa tan típica del shiba, esa forma de estar presente sin necesidad de ser constantemente demandante. Sinceramente puedo pasar horas mirándoles y no cansarme. Creo que precisamente ahí está gran parte del encanto de la raza, el vínculo con un shiba inu no suele construirse desde la dependencia, sino desde el respeto mutuo y la convivencia diaria.
Cuando entiendes esa forma de ser, descubres un perro increíblemente especial.
Monica Majoral. Hayato Kumi Cría familiar.