Errores que no hay que cometer.

Cuando una familia decide incorporar un shiba inu a su vida, normalmente lo hace con mucha ilusión ya que es una raza que enamora por su aspecto, su expresión y ese punto de independencia que la hace tan especial. Sin embargo, también es una de las razas que más sorpresas genera en los primeros meses si no se conoce bien su carácter, con el tiempo he visto repetirse ciertos errores en muchos propietarios primerizos y no lo cuento desde el juicio, sino desde la experiencia de haber acompañado a muchas familias en ese proceso de adaptación.

Roscon HK con 45 días en el veterinario, respetando su tiempo.

Uno de los errores más comunes es esperar que el Shiba Inu sea un perro obediente al estilo tradicional. Muchas personas llegan con la idea de que va a responder como otras razas más dependientes del humano, y cuando no ocurre así, aparece la frustración. El Shiba no es un perro que busque agradar constantemente, y eso no significa que no se pueda educar, sino que su forma de aprender y cooperar es distinta.


Otro error frecuente es subestimar la importancia de la socialización en los primeros meses, a veces se piensa que con el tiempo “ya se acostumbrará”, pero en realidad las experiencias tempranas marcan mucho su forma de ver el mundo. Un cachorro que no ha tenido un contacto adecuado con estímulos, personas y entornos distintos puede volverse más inseguro o reactivo de adulto, por eso el trabajo del criador en esta etapa también es fundamental, un trabajo que es mas ‘invisible’ a ojos de la familia, que en ocasiones solo ven el cachorrito bonito cuando lo ven por primera vez.

También es habitual no respetar su espacio, el shiba es un perro que necesita sus momentos de calma y su independencia y forzar el contacto constante o no entender cuándo quiere estar tranquilo puede generar tensión en la convivencia, recuerda que es una raza que funciona mejor cuando se respeta su ritmo.


Otro punto importante es el exceso de expectativas ya que muchas familias imaginan un perro muy cariñoso o muy dependiente, y cuando descubren su carácter más reservado se sienten decepcionadas, sin embargo, el vínculo con un shiba no es menos profundo, simplemente es diferente. No se basa tanto en la necesidad constante de contacto, sino en una relación más sutil y respetuosa.También se comete el error de no ser constantes con las normas desde el principio y a veces, por ternura o por dudas, se permite al cachorro cosas que después se intentan corregir cuando ya ha crecido y esto genera confusión en el perro, que no entiende por qué las reglas cambian.

Roscon HK con 6 meses , su paseo, su tiempo. Relax y armonía.

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es el ejercicio mental. No todo es paseo o actividad física., el shiba necesita también estimulación mental, pequeños retos, rutinas y aprendizaje y cuando esto no se cubre, puede aparecer aburrimiento o conductas que se interpretan como “problemas de comportamiento”, pero no es así.


Con los años he aprendido que la convivencia con esta raza mejora muchísimo cuando se entiende su naturaleza en lugar de intentar cambiarla. No me cansare de decir que el shiba no es un perro que funcione bien desde la imposición, sino desde la coherencia, la paciencia y el respeto, y siguiendo en la misma filosofía hay que decir que no es una raza para todo el mundo, y eso es importante decirlo con honestidad, pero cuando encaja con la familia adecuada, el vínculo que se crea es muy especial.


Cada vez que acompaño a una familia en este proceso, veo lo mismo, cuando se bajan las expectativas y se empieza a entender al perro tal como es, la convivencia cambia y mejora por completo. Y ahí es donde realmente empieza la relación con un tu shiba


Monica Majoral. Hayato Kumi Cría familiar.

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