
Esta es probablemente una de las preguntas que más veces me hacen algunas familias antes de llevarse un cachorro a casa. Y la respuesta real es que sí, un Shiba Inu puede convivir perfectamente con gatos, aunque como ocurre con casi todo en esta raza, normalmente las cosas no empiezan exactamente de forma “dramática y romántica” desde el minuto uno.
Quiero aclarar también que yo no tengo gatos, así que no hablo desde mi propia convivencia diaria. Todo lo que cuento viene de la experiencia de muchas familias que viven con shibas y gatos juntos y que, con el tiempo, me han ido compartiendo historias bastante divertidas y también muy bonitas.
Porque si algo he aprendido escuchándoles, es que la convivencia entre un shiba y un gato suele empezar con muchísimo análisis mutuo.
El shiba observa al gato como si estuviera intentando entender qué clase de criatura extraña vive ahora en casa y el gato normalmente responde con esa energía felina de “te vigilo, pero desde un lugar elevado por seguridad”.
Al principio suele hacer falta adaptación y paciencia. Cada animal necesita su espacio y sus tiempos y creo que ese es uno de los errores más comunes, intentar que se hagan amigos demasiado rápido. Muchas veces las mejores convivencias empiezan simplemente ignorándose mutuamente durante unos días mientras ambos deciden si el otro merece confianza o no.
Y sinceramente, las historias que me cuentan muchas familias son buenísimas.
Hay gatos que terminan robándole la cama al shiba mientras él los observa resignado desde el suelo. Otros que descubren muy rápido que pueden pasar por delante del perro con total tranquilidad porque el shiba, aunque curioso, muchas veces prefiere evitar conflictos innecesarios.
También me hace mucha gracia cuando me cuentan que ambos desarrollan una especie de acuerdo invisible en casa. El gato controla las alturas, el shiba controla el suelo y los dos aceptan vivir como compañeros independientes bajo el mismo techo.
Luego, poco a poco, empiezan a aparecer momentos muy curiosos. Primero descansan relativamente cerca, después comparten espacios y cuando menos te lo esperas te mandan una foto de ambos durmiendo juntos como si hubieran sido mejores amigos toda la vida.
Creo que precisamente el carácter del shiba hace que, en muchas ocasiones, encaje bastante bien con los gatos. Al no ser normalmente un perro excesivamente invasivo ni constantemente demandante, muchos gatos terminan sintiéndose cómodos con ellos una vez pasa el periodo de adaptación.
Eso no significa que siempre sea automático ni igual en todos los casos. Cada gato y cada shiba tienen su propia personalidad y la socialización también influye muchísimo. Hay perros más tranquilos, gatos más seguros, otros más teatrales… y al final cada convivencia termina teniendo sus propias normas.
Pero si algo veo repetirse constantemente en las familias que conviven con ambos, es que con paciencia, respeto por el espacio de cada uno y presentaciones tranquilas, las cosas suelen ir muchísimo mejor de lo que la gente imagina al principio.

Y además, siendo sinceros, pocas combinaciones son tan graciosas como un gato con actitud de jefe y un shiba intentando entender constantemente qué normas absurdas acaba de imponerle el felino de la casa.
Monica Majoral. Hayato Kumi cria familiar.


